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LA HISTORIA

La construcción del Anfiteatro Flavio, que debe su nombre a la gens Flavia, fue iniciada en el 72 A.D. por el emperador Vespasiano y financiada con el despojo de la toma de Jerusalén en el 70 A.D. El anfiteatro, inaugurado bajo el emperador Tito en 80 A.D., y terminado por su hermano Domiciano en el 82 A.D., es el más majestuoso edificio de la antigüedad destinado a los espectáculos gladiatorios y a las cazas. El edificio está situado en el centro del valle, donde antes había el lago artificial de la Domus Aurea de Neron, alrededor del cual fueron construidas algunas estructuras funcionales: gimnasios, depósitos y un hopital.
El último espectaculo del cual hay noticia data del 523 A.D. Entre el final del siglo V y el comienzo del siglo VI se empezó a desmantelar las estructuras del sector sur y a enterrar la arena. A partir de la segunda mitad del siglo VI el anfiteatro, perdidas sus funciones originales, entró en una fase de abandono y de sistemática expoliación de los materiales: el travertino de la estructura de sustentación, los revestimientos marmóreos, las grapas metálicas que unían los bloques de piedra. Los agujeros hoy visibles en el travertino son la consecuencia de este despojo. La reutilización de las estructuras para establecer casas, huertos y cuadras, transformó en la Edad Media el anfiteatro en un barrio organizado alrededor de una plaza central, la antigua arena, y llamado Rota Colisei.
El nombre popular “Colosseo” para indicar el anfiteatro, cuya primera utilización data del siglo VIII, probablemente deriva del recuerdo de la estatua colossal de Neron que se erguía en los alrededores. Durante el siglo XVI se impuso la tradición, nunca comprobada, que asocia el Coliseo al lugar del martirio de los primeros cristianos. El carácter sagrado del edificio fue sancionado con ocasión del Jubileo del 1750, cuando papa Benedicto XIV erigió una cruz en el centro de la arena y 14 edículos para el Camino de la Cruz. Después el terremoto del 1803 fueron llevadas a cabo las primeras intervenciones para la consolidación del edificio, con la realización de los dos espolones situados uno en el lado oriental (Stern 1805­7) y otro en aquello occidental (Valadier 1827): fue la primera etapa de un largo proceso de restauración y de excavaciones arqueológicas qui transformó el Coliseo de ruina en monumento.

EL COLISEO 
Soprintendenza Archeologica di Roma


MAQUETA EN MADERA DE C. LUCANGELI E P. DALBONO, FINALES SIGLO XVIII — PRINCIPIOS SIGLO XIX


LOS JUEGOS
Los espectáculos que tenían lugar en el Coliseo eran gratuitos y constituían en efecto una oportunidad para demonstrar la generosidad de quien les ofrecía (editor). En Roma el editor por excelencia era el emperador y sólo excepcionalmente las magistraturas, obligadas a financiar los juegos.
En ocasión de acontecimientos especiales, los espectáculos podían durar muchos dias, como ocurrió para la inauguración ofrecida por el emperador Tito en el 80 A.D., que se prolongó 100 días. En aquella ocasión, antes de la construcción de los subterráneos en ladrillos y bloques de tufo, el área central fue utilizada también como cuenca de agua para combates con barcos (naumachiae).
Un día de juegos se desarrolaba así: por la mañana, después de una parada inicial de todos los participantes (pompa), se celebraban las venationes, o sea combates entre fieras procedentes de todo el imperio, cazas conducidas por hombres armados y espectáculos de animales domesticados. Las escenografías, muy cuidadas, reproducían el hábitat natural de los animales con efectos extraordinarios.
Durante el descanso para la comida en la arena se ejecutaban las penas capitales, entre las cuales la damnatio ad bestias era la más feroz: el condenado era devorado por las fieras. No hay fuente histórica alguna que documenta, en cambio, que el edificio fue teatro de ejecuciónes capitales de masa de cristianos.

Por la tarde se celebraban los combates de gladiatores (munera), cuya origen tiene relación con la tradición de los juegos fúnebres. Existían distintas tipologías de equipos y otras tantas técnicas de combates: retiarius, secutor, oplomachus, thraex, mirmillo, establecidas a partir de la edad augustal. Las luchas raramente eran mortales, más frecuentemente el favor del público permitía al gladiator de recibir la gracia. Los gladiatores eran por la mayoría esclavos o prisioneros de guerra de propiedad de empresarios especializados en el sector (lanistae). Había hombres libres que decidían de emprender la carrera de gladiator con la esperanza de conquistar riqueza y fama. Ellos vivían y se entrenaban en grupo; después algunos combates podían ser licenciados y si eran esclavos podían ganar la libertad. Algunos entre ellos fueron muy amados por el público, llegando a ser verdaderos ídolos.

LA ARQUITECTURA: LA ESTRUCTURA DEL ANFITEATRO Y LOS SUBTERRANEOS
La estructura del anfiteatro es construida en bloques de travertino (para los muros perimétricos y las pilastras maestras) y en fabrica de ladrillo y bloques de tufo (para los muros radiales y las escaleras). El exterior del edificio se articula en cuatro órdenes arquitectónicos superpuestos, con una altura total de acerca de 50 metros. El ultimo orden acogía una columnata de mármol cuyos fragmentos (columnas y capitelos) hoy están visibles a la planta baja.
El edificio tiene planta elíptica: el eje mayor mide 188 m. y el menor 156 m. En el centro del edificio estaba la arena, una plataforma de madera (hoy reconstruida parcialmente en el lado oriental) sobre la cual se desarrollaban los juegos y que era así llamada porque cubierta con arena (en latino arena).
El anfiteatro era dotado de 80 arcadas de ingreso: 76 numeradas, reservadas a los espectatores y 4, situadas a las extremidades de los dos ejes del elipsis, reservadas al emperador, a las autoridades politicas y religiosas y a los protagonistas de los espectáculos. Los ingresos monumentales a norte y a sur conducían a dos palcos de honor cerca de la arena, uno de los cuales reservado al emperador.
En ocasíon de los espectáculos, el público se sentaba siguiendo una rígida división reglada según las clases sociales: una tarjeta indicaba el asiento asignado y recorridos obligados, a través de arcadas numeradas, conducían al graderío (cavea).

La cavea, que podía contener entre 40.000 y 70.000 espectadores, estaba dividida en 5 sectores horizontales (maeniana), separados por pasillos. Los senadores se sentaban muy cerca de la arena (podium). Las gradas superiores eran reservadas a los caballeros y a otras categorías sociales, mientras que la ultima (summa cavea), equipada con estructuras de madera dentro de la columnata, era destinada a la plebe.
Arriba había una estructura móvil de madera y tela (velum) que servía para proteger el público del sol. Las estructuras en ladrillo hoy visibles al centro del edificio eran en origen hipogeos cubiertos enteramente por la arena. Los subterráneos fueron construidos por la mayoria algunos años despues la inauguración del anfiteatro, durante el imperio de Domiciano (81­96 A.D.), y fueron restaurados muchas veces durante los cinco siglos de actividad del Coliseo.
Los subterráneos eran organizados en 15 pasillos, realizados en bloques de tufo y ladrillos, paralelos a una galería central que correspondía al eje mayor del elipsis (este­oeste); en estos hipogeos se guardaban los materiales necesarios para los juegos, las armas y las jaulas para los animales.
Por medio de árganos, unos montacargas permitían a los gladiadores, a los animales y a los aparatos escénicos de aparecer en el centro de la arena, gracias a trampillas y a planos inclinados. Los montacargas que estaban a lo largo de los pasillos periféricos, más amplios y equipado con jaulas, levantaban los animales, mientras que los del área central eran utilizados para los gladiadores y las escenografías. Los engargolados de estas maquinarias y de las pilares que sustenían la arena se pueden todavía distinguir en la pavimentación de los subterráneos.
El pasillo central de la arena proseguía por bajo del ingreso oriental, conectando los subterráneos al más importante cuartel de los gladiadores, el Ludus Magnus, hoy parcialmente visible en el área arqueológica entre Via Labicana y Via di San Giovanni in Laterano.

Otro pasillo subterráneo, conocido como “Pasaje de Comodo” (el emperador que según las fuentes históricas allí sufrió un atentado), conectaba los hipogeos al exterior; hoy el ingreso que de este pasaje conducía a la cavea está visible cerca de la terraza en el lado meridional.